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Buster KeatonJoseph Francis Keaton nació en 1895, en la población de Pickway, Kansas. Sus padres, Joseph y Myra Keaton ("Los dos Keaton"), eran dos cómicos ambulantes por lo que el pequeño apareció en escena cuando sólo contaba un año de edad.

A los tres años, Keaton ya participaba de lleno en el espectáculo de sus padres y el dúo se convirtió en trío. "Los tres Keaton" fueron muy conocidos en el espectáculo de variedades, sin embargo dejaron de presentar su número en 1917 por dos razones: la hostilidad de su padre debido al alcoholismo y las pocas posibilidades que había de que Keaton interpretara el mismo papel. En 1917, Buster Keaton visitó los estudios de Roscoe Arbuckle "Fatty" en Nueva York.

Éste le ofreció trabajar como secundario en una de las producciones que iba a realizar con su propia compañía, la Comique Film, la cual había creado al separarse de Mack Sennett. Su primera película (la cual marca el inicio de la relación entre ambos cómicos) fue Fatty asesino (The butcher boy), producida en 1917. El personaje de Keaton era el de un joven busca pleitos, siempre ausente y distraído. Posteriormente, en 1920, Keaton fue contratado por la Paramount, luego de que esta compañía fuera trasladada a Hollywood. Es así como Buster Keaton inicia su brillante carrera cinematográfica. El productor Joseph M. Schenck llega a un acuerdo con la Metro−Goldwyn−Mayer y ésta contrata a Keaton para El crimen de Pamplinas (The saphead) dirigida por Winchell Smith.

Hasta 1926 la carrera de Keaton ascendía, aunque siempre lentamente y a base de la dedicación obsesiva que tenía al realizar su obra. Schenck fue puesto al frente de la empresa United Artists (creada en 1919 por diversos actores, entre ellos Chaplin) de la cual provenían las carísimas producciones independientes de figuras como Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks. Keaton, después de hacer sus últimas tres películas para la United Artists, estaba realmente satisfecho y contento de estar en la compañía que contaba con Chaplin, sin embargo, trató de independizarse de Schenck, pero éste le realquiló a la MGM, con todos los poderes de la autonomía perdidos. Es así como el ánimo de Buster comienza a hundirse.

Buster KeatonCuando Louis B. Mayer compró su contrato, Buster se vio sometido a la dura línea de la Metro, donde lo obligaron a rodar películas que no eran las más propias para su talento totalmente visual. Estas circunstancias, sumándole su divorcio con Natalie Taldmage, llevaron a Buster a una fuerte depresión, y mucho se dice que esto lo orilló al alcoholismo. Despedido de la Metro −empresa que posteriormente volvió a contratarlo como un simple asesor técnico− y marginado por Hollywood, Keaton vio cómo declinaba poco a poco su carrera.

Ya sólo tenía breves apariciones en largometrajes o cortometrajes sonoros de bajo presupuesto. No fue sino hasta que en 1950 la televisión le devolvió parte de su pasada gloria. En este medio participó en comerciales, programas y series que hacían honor a su vida y obra. A partir de estas apariciones es que Keaton fue revalorado, al igual que su trabajo. Se realizan festivales en su honor y se exhiben sus películas alrededor del mundo. En su última aparición en un film (Guerra a la italiana), Buster vuelve a tener la oportunidad de desplegar su ingenio, pues no pronuncia palabra en sus apariciones y tiene una secuencia que hace recordar al Keaton en sus tiempos de gloria.

Al final de la película, en la cual interpreta a un general, aparece en una escena muy significativa: Su uniforme es reemplazado por el traje de toda su vida y su gorra de oficial por su clásico sombrero plano. Tras despedirse de sus nuevos amigos comienza a caminar y se pierde en un horizonte desértico, en colores y Cinemascope, sólo pero decidido, buscando la profundidad del plano en lugar de sus bordes, como si hubiese sabido que ese film se estrenaría después de su muerte. Quien quiera que haya sido el tonto sensible que le permitió esa despedida, merece un lugar a su lado en el cielo. Buster Keaton fallece en el año de 1966, lugar en el que vivió gloria y desesperanza, y que le permitió satisfacer su único vicio real: el sonido de la risa ajena. Seguir leyendo.

- Vídeo 1/2 (Una semana) -


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Fuente: archivo PDF

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