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Ojos mineralizadosUn equipo de investigadores, entre ellos un español, localizan una especie en Australia de 515 millones de años.

Buscar refugio y comida, evitar las zonas oscuras o turbias y a los depredadores que las poblan. Es decir, sobrevivir. Ésta es la única característica que compartimos todas las especies que poblamos la Tierra. De ahí que la evolución muestra la fortaleza de cada una de ellas, algo que se puede apreciar a través de su legado. Los fósiles son la mejor muestra del pasado para explicar qué pasó hace millones de años, pero no todos proporcionan la misma información. El desarrollo visual indica la voracidad y el estado de un animal o de todo un periodo.

Diego García-Bellido, investigador del Instituto de Geociencias del CSIC, ha descubierto, junto a sus compañeros del South Australian Museum, los ojos fósiles más complejos y antiguos del mundo en el yacimiento palenteológico de Emu Bay Shale, uno de lo más prolíferos del mundo. «Cada ojo está formado por 3.000 lentes y con un centímetro de diámetro, por lo que deducimos que pertenecen a un antrópodo de unos 15 o 20 centímetros. Pero es una especie nueva que vivió hace más de 515 millones de años, no se conoce un organismo similar», explica el científico horas antes de volar hacia Australia.

Para cazar de noche

El hallazgo que se ha publicado en la prestigiosa revista «Nature» parece apuntar hacia un ser vivo con una visión muy desarrollada y avanzado para su tiempo. Podría pertenecer a un cazador similar a las libélulas actuales, cuya visión es prácticamente perfecta, muy activo y probáblemente depredador. Todo ello se deduce por la amplitud de la lente que «les permite cazar de noche, en zonas muy profundas y en aguas turbias», asegura García-Bellido.

Los ojos que se han encontrado añaden veracidad a lo que los expertos denominan «explosión cámbrica», que estalló hace más 500 millones de años durante este periodo. Diversas razones ambientales como el incrementro de oxígeno en los océanos, el fin de las glaciaciones y la separación de los continentes, entre otras, produjeron un boom en la biodiversidad de todo el planeta gracias al cual evolucionaron cientos de especies como los erizos o lo protovertebrados. «Antes de este estallido, sólo existían organismos unicelulares», puntualiza.

El estado de esta zona australiana es tan excepcional que se han conservado también las partes blandas de los cuerpos, como el tubo digestivo, músculos, vasos sanguíneos e incluso ojos. La falta de bacterias, oxígeno y carroñeros las han mantenido intactas. Por eso, «no descartamos encontrar ejemplares mayores y con una visión aun más desarrollada», concluye García-Bellido.

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Fuente: larazon

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