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Todos los Caravaggios en RomaSi, siguiendo al individuo indicado por el misterioso cliente que le ha contratado, un investigador privado imaginario que tuviera vedado la entrada al interior de todos los edificios y apartamentos en Roma anotara en su cuaderno una caótica deriva urbana que fuera de la Galleria Borghese al Palazzo Barberini pasando por la Galleria Doria Pamphili, Santa María del Popolo, San Luigi dei Francessi, Sant´Agostino, el Palazzo Corsini y los Museos Vaticanos, podría, al repasar sus notas, sentirse sumamente desconcertado.

O podría probar a establecer un nexo a través del elemento común en todos los lugares donde el enigmático individuo cuyos pasos ha apuntado minuciosamente ha entrado y llegar a la conclusión de que se trata de otro de los caravaggistas que recorre Roma emocionado en busca de las 16 pinturas de Michelangelo Merisi -para la posteridad Caravaggio (1573-1610)- que pueden admirarse en la capital italiana.

No es un número escaso, si tenemos en cuenta que Caravaggio probablemente no pintó más de treinta obras, todas ellas decisivas, durante los 14 años que vivió en Roma. Pero es que también la ciudad de Roma, con todos sus inframundos, constituye un componente fundamental de la leyenda del pintor relativa a ese lado irracional y miserable de su vida que le ha convertido en un figura de una crónica negra capaz de simbolizar toda la amoralidad y depravación -incluyendo el asesinato- que puede comprender la figura del artista torturado. Pues Caravaggio fue incluso un pionero del malditismo, un personaje de tintes casi genetianos, y para bien o para mal su accidentada biografía es en sí misma también una obra de arte. No en vano se le acusó en su tiempo de no ser más que un provocador, alguien cuya fundamental finalidad no era sino asombrar, causar sensación mofándose de la tradición y de la belleza.

Bacchino malato - Caravaggio
Bacchino malato - Caravaggio

Lo real, sin embargo, es que el naturalismo de Caravaggio, esa personal estética de la exclamación que -a través del uso límite de la técnica del claroscuro que se ha dado en llamar tenebrismo- provoca un propósito pictórico tan sobrecogedoramente auténtico, era justamente un intento de reinventar el concepto de belleza mediante la apuesta por lo verdadero. Caravaggio no perseguía la belleza ideal de los modelos clásicos siquiera rehuía lo "feo" porque lo que él buscaba era otra cosa y esa otra cosa era la verdad tal y como él la veía, de ahí su ferviente repulsa de las convenciones estéticas tradicionales. De ahí igualmente que se lanzase a un viaje sin retorno que le llevó a servirse de toda esa galería de personajes marginales propios del lumpen (incluidos prostitutos de ambos sexos, delincuentes, sus propios amantes y protegidos) como modelos incluso de los santos y las vírgenes de sus cuadros.

Ese recorrido -que pasando entre otros muchos por Rembrandt y Velázquez llega hasta Pasolini, otro eminente romano de adopción- fue, tal vez, en retrospectiva, la manera más extremista y vanguardista de superar el estancamiento del manierismo y comenzar nuevos caminos en las artes visuales y que actualmente seguimos transitando. Algunos recorren lo que a primera vista pudieran parecer curiosos y caóticos itinerarios.


Fuente: whattoseeinrome

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