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El camello y ZeusEl camello y Zeus

Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios. Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole le regalara a él unos semejantes. Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran tamaño y fuerza, no sólo le negó el darle los cuernos, sino que además le cortó una parte de las orejas.

Conclusión:La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.

La cabra y el cabrero

Llamaba un cabrero a sus cabras para llevarlas al establo.

Una de ellas, al pasar por un rico pasto se detuvo, y el cabrero le lanzó una piedra, pero con tan mala suerte que le rompió un cuerno. Entonces el cabrero le suplicó a la cabra que no se lo contara al patrón, a lo que la cabra respondió:

¡¡Quisiera yo quedarme callada, mas no podría!! Bien claro está a la vista mi cuerno roto.

Conclusión:Nunca niegues lo que bien se ve.

La cabra y el asno

Una cabra y un asno comían al mismo tiempo en el establo.

La cabra empezó a envidiar al asno porque creía que él estaba mejor alimentado, y le dijo:

Entre la noria y la carga, tu vida sí que es un tormento inacabable. Finge un ataque y déjate caer en un foso para que te den unas vacaciones.

Tomó el asno el consejo, y dejándose caer se lastimó todo el cuerpo. Viéndolo el amo, llamó al veterinario y le pidió un remedio para el pobre. Prescribió el curandero que necesitaba una infusión con el pulmón de una cabra, pues era muy efectivo para devolverle el vigor. Para ello entonces degollaron a la cabra y así curar al asno.

Conclusión:En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.

Las cabras montesas y el cabreroLas cabras montesas y el cabrero

Llevó un cabrero a pastar a sus cabras y de pronto vio que las acompañaban unas cabras montesas. LLegada la noche, llevó a todas a su gruta.

A la mañana siguiente estalló una fuerte tormenta y no pudiendo llevarlas a los pastos, las cuidó dentro. Pero mientras a sus propias cabras sólo les daba un puñado de forraje, a las montesas les servía mucho más, con el propósito de quedarse con ellas. Terminó al fin el mal tiempo y salieron todas al campo, pero las cabras montesas escaparon a la montaña. Las acusó el pastor de ingratas, por abandonarle después de haberlas atendido tan bien; mas ellas le respondieron:

Mayor razón para desconfiar de tí, porque si a nosotras recién llegadas, nos has tratado mejor que a tus viejas y leales esclavas, significa esto que si luego vinieran otras cabras, nos despreciarías a nosotras por ellas.

Conclusión:Nunca confíes en quien pretende tu nueva amistad a cambio de abandonar a las que ya tenía.

El buey y la becerraEl buey y la becerra

Viendo a un buey trabajando, una becerra que sólo descansaba y comía, se condolió de su suerte, alegrándose de la de ella.

Pero llegó el día de una solemnidad religiosa, y mientras al buey se le hacía a un lado, cogieron a la becerra para sacrificarla.

Viendo lo sucedido, el buey sonriendo dijo:

Mira becerra, ya sabes por qué tú no tenías que trabajar:
¡es que estabas reservada para el sacrificio!

Conclusión:No te afanes de la ociosidad, pues nunca sabes que mal trae oculto.

Los bueyes y el eje de la carreta

Arrastraban unos bueyes una carreta cuyo eje chirriaba ruidosamente. Se volvieron aquellos a la carreta diciendo:

Oye amiga, somos nosotros quienes llevamos la carga. ¿ y eres tú quien se queja ?

Conclusión:En la vida encontrarás a muchos que se fingen cansados de ver trabajar a otros.

El ruiseñor y la golondrinaEl ruiseñor y la golondrina

Invitó la golondrina a un ruiseñor a construir su nido como lo hacía ella, bajo el techo de las casas de los hombres, y a vivir con ellos como ya lo hacía ella. Pero el ruiseñor repuso:

No quiero revivir el recuerdo de mis antiguos males, y por eso prefiero alojarme en lugares apartados.

Conclusión:Los bienes y los males recibidos, siempre quedan atados a las circunstancias que los rodearon.

Los viandantes y el oso

Marchaban dos amigos por el mismo camino. De repente se les apareció un oso. Uno se subió rápidamente a un árbol ocultándose en él; el otro, a punto de ser atrapado, se tiró al suelo, fingiéndose muerto. Acercó el oso su hocico, oliéndole por todas partes, pero el hombre contenía su respiración, por que se dice que el oso no toca a un cadáver. Cuando se hubo alejado el oso, el hombre escondido en el árbol bajó de éste y preguntó a su compañero qué le había dicho el oso al oído.

Que no viaje en el futuro con amigos que huyen ante el peligro- le respondió.

Conclusión:La verdadera amistad se comprueba en los momentos de peligro.


Fuente: edyd

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