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Prensa escrita
En los Estados Unidos de América, el periódico impreso ha perdido 13 millones de ejemplares mientras el periódico digital, en un lapso brevísimo de tiempo, ha pasado de cero a 75 millones de lectores. Ese es el futuro y no verlo así sería mirar hacia atrás y cristalizarse en sal como la mujer de Lot. En todo el mundo occidental, hombres y mujeres de treinta años hacia abajo leen en sus ordenadores o en sus teléfonos móviles los diarios digitales que ofrecen información actualizada cada media hora y servicios de radio y de televisión entre sus contenidos.

Gracias a la globalización de la tecnología, un periódico digital se lee al mismo tiempo en Madrid y Buenos Aires, en Moscú y Pekín, en Johannesburgo y Nueva Delhi, en Roma y Nueva York. McLuhan tenía razón. El mundo se ha convertido en una aldea global y las nuevas generaciones caminan abiertamente sobre el filo de las tecnologías de vanguardia. El periodismo, sin embargo, sigue siendo el mismo. El profesional pega su nariz de sabueso en tierra, persigue el rastro de la noticia y, tras contrastarla, la suelta luego en la agencia de noticias o en el periódico impreso, hablado, audiovisual o digital. Nuestra profesión no ha cambiado. Son los vehículos para ofrecer información los que se han transformado. En cuestión de una veintena de años, el periodismo digital ocupará el 70% de la información en las naciones desarrolladas.

¿Quiere eso decir que desaparecerá el periódico impreso convencional?

A pesar de los vaticinios de algunos expertos, a pesar de la hecatombe que muchos vaticinan, mi opinión es que no. El periódico convencional, igual que hizo con la radio, primero, con la televisión, después, sabrá adaptarse a las nuevas circunstancias del mercado informativo. El periódico que no lo haga, se hundirá; el que sepa hacerlo, sobrevivirá. Hasta ahora, el periódico hablado -la radio- daba las noticias; el periódico audiovisual -la televisión- las enseñaba; y el periódico impreso las valoraba y analizaba. Ante el fenómeno del periódico digital, que, además, se puede imprimir en casa o en la oficina, el periódico convencional tendrá que hacer frente al desafío con nuevas fórmulas que le permitan defenderse.

PeriodicosEsas nuevas fórmulas se resumen en una palabra: calidad.

Calidad en el papel, calidad en la impresión, calidad en la encuadernación, calidad, sobre todo, en las colaboraciones y los informes, en las firmas especializadas y en las exclusivas. Si el periódico convencional impreso se transforma en un producto de gran calidad, perderá compradores pero se mantendrá en las mesas de todos los sectores dirigentes de la sociedad.

El ciudadano medio, el que hoy acude a comer a las cadenas de vips o McDonald´s, se informará de forma gratuita en el periódico digital. El ciudadano dirigente adquirirá, a pesar del precio, el periódico de calidad de la misma forma que va a almorzar o cenar a los restaurantes de lujo. Ahí está la almendra de la cuestión. El periódico impreso convencional permanecerá si se convierte en un producto de gran calidad, que ofrezca, además de una información sobresaliente, las firmas más destacadas de la vida nacional e internacional y los mejores informes elaborados por equipos de expertos.


Por Luis María Anson, de la Real Academia Española
Fuente: elcultural.es/version_papel/OPINION/25602/El_futuro_del_periodico_impreso

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