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Última bruja de EuropaUna sesión cuando menos inusual fue la que tuvo lugar en el Parlamento del cantón suizo de Glaris el 7 de Octubre de 2007. En dicho plenario se discutió de la absolución y rehabilitación pública de la que fue considerada como la última bruja de Europa, llamada Anna Göldi (o Göldin).

Esta mujer, de 48 años, fue ejecutada mediante decapitación el 18 de junio de 1782. Aunque, según otras fuentes, la verdadera última bruja habría sido una mujer polaca ajusticiada en 1793.

La rehabilitación de la supuesta bruja suiza fue posible por 37 votos a favor y 29 en contra. Sin embargo dicha decisión no cuenta con el beneplácito de la Iglesia protestante de la región, la cuál considera "difícil certificar su inocencia 225 años después". Esta Iglesia participó en la época de su proceso y ejecución.

Al igual que la Iglesia protestante, tampoco las autoridades municipales de la pequeña localidad están muy de acuerdo con la decisión. El Ayuntamiento se mostraba más bien partidario de financiar una investigación histórica sobre la vida de Anna Göldi. Suiza, Alemania, los Países Bajos, Francia e Inglaterra fueron países donde el integrismo religioso no católico creó un cinturón de dureza equiparable al de los peores tiempos de la Santa Inquisición católica (que tuvo su apogeo un siglo antes).

Aunque parezca difícil de creer, un hecho acaecido hace más de dos siglos todavía puede generar debate. Y el caso de Anna Göldi considerada como la última bruja lo ha reabierto en esta tranquila región de la Suiza profunda. El diputado Fritz Schiesser, impulsor de la rehabilitación de Anna Göldi, señaló que "ahora se reconoce, después de algo más de dos Siglos, que la mujer fue condenada injustamente".

Esta historia comienza en 1734, cuando Anna Göldi nacida en el seno de una familia pobre, se mudó de Sennwald a Glaris, donde ejerció modestos empleos como criada. Primero trabajó en casa de los Zwicky, y más tarde en la del doctor Johann Jacob Tschudi, donde fue finalmente denunciada.

La mujer había sido contratada para ocuparse de las cinco hijas de este médico. El motivo de su condena fue que una de estas pequeñas, llamada Anne-Migeli, de 8 años, habría encontrado agujas y objetos punzantes dentro de su comida. Finalmente, la niña cayó enferma tras hallarse en varias ocasiones cuerpos extraños en su leche y su pan.

Göldi ante la imposibilidad de explicar tal fenómeno, fue denunciada y seguidamente arrestada. Sometida a tortura para que aceptara "sus pactos con el diablo", Anna Göldi no pudo más que "reconocer los hechos que se le imputaban". Sin embargo, y según un reportaje hecho público la semana pasada por la TV suiza, el verdadero motivo de la acusación de su patrón habría sido que éste y Göldi eran amantes. La excusa de la brujería aparece entonces como una salida de escape para el denunciante, y de esta forma librarse de una situación comprometedora para él.

Pero el tiempo ya no era tan propicio. Los juicios por brujería ya comenzaban a ser impopulares en esa época, y Göldi pudo salvarse de ser quemada viva (castigo habitual para las condenadas como brujas) y fue, en lugar de ello, decapitada como envenenadora.

El interés por Anna Göldi no viene de hoy, al menos en Suiza. En 1991 se llegó a rodar la película Anna Göldi, die letzte Hexe (La última bruja), dirigida por Gertrud Pinkus. Ahora se ha desatado una modesta göldimania que toma la forma de documentales televisivos, se inauguró un museo en su honor donde se exponen las actas del proceso y los instrumentos, al igual que los sistemas de tortura empleados, así como numerosos artículos en prensa, la publicación de libros y hasta la creación de una pequeña calle que tendrá como recuerdo a Anna Göldi, con el nombre de la última bruja en la ciudad de Mollis.

Según diferentes historiadores, fue a partir de 1490 cuando dio comienzo la caza de brujas, lo mismo en países católicos como en los protestantes. Entre los Siglos XV y XVII, fueron quemadas vivas unas 100.000 personas en Europa bajo acusaciones de brujería tras ser sometidas a tortura. De entre estas 100.000, más del 80% de las víctimas fueron mujeres.

Esta manera de proceder se repitió en todos los países europeos -antes y después de la reforma protestante de mediados del XVI-, donde todo lo injustificable, o aquello que tenía un motivo que no quería reconocerse públicamente, se excluyo de la sociedad con la excusa de brujería. Así cayeron enfermos mentales, supuestos herejes, disidentes políticos, comadronas, abortistas o simples buscavidas.


Fuente: elpais

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