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Islam

Casi mil millones de musulmanes en todo el mundo se someten al Dios único, le rezan y se conforman absolutamente al gran designio que Allah tiene sobre ellos. Algunos decenios atrás todo ello sonaba a algo exótico y del exclusivo interés de algún especialista y de los que vivíamos en países islámicos. Hoy, sin embargo, el panorama ha mudado considerablemente. Es aquí, en nuestra casa, donde se ha afincado también la “casa del Islam”. Es por ello, y no sólo por un interés de gabinete, que nos ha parecido oportuno consignar, en este opúsculo, unas líneas sobre la religión de los musulmanes.

El Islam y su origen

En nombre del Dios Único, Allah, el Compasivo por excelencia, el muy Misericordioso.
Dí: ¡Él es Allah, Dios, el Único!
¡Él es Allah, el Fundamento; Él es eterno!
¡Él no ha engendrado y no es engendrado!
¡Nadie hay que se le asemeje!
¡Él no tiene doble, Él no tiene igual!
(El Corán, sura 112, Al-Ihklás, 1-4)

La palabra árabe “Islam” significa el sometimiento a Dios por parte del creyente. Es este vocablo el que indica la quintaesencia de la religión coránica, el que le ha dado su nombre. El Islam se basa en el sometimiento de los fieles a las directrices reveladas por Allah. Los “sometidos”, musulmanes, forman una comunidad, “umma”, en la cual todos son, en principio, iguales y en ella han de ser solidarios los unos con los otros. Esta comunidad no es únicamente espiritual, sino que tiene entidad política propia y acorde con los dictados de Allah. Eso, precisamente, la distinguirá, también en su entidad jurídica, social y política, de los demás pueblos “infieles”. Esa coextensión y completa asimilación entre los secular y lo islámico da como resultado una sociedad muy característica. El “guía” religioso será también su caudillo político.

Para los musulmanes, esa sumisión total, personal y social, es la única manera de dar una salida positiva y tangible a todos los enigmas de la existencia humana. Ella es también la clave para interpretar los grandes interrogantes de la vida personal del ser humano, de la sociedad en la cual vive y del cosmos que lo engloba. El Islam no es, pues, únicamente la encarnación de un conjunto de principios doctrinales, la codificación de unos preceptos ético-morales y la plasmación de las rúbricas de un culto determinado; es también, y sobre todo, la propuesta de las normas necesarias para la vida personal y familiar del individuo y para la orientación ética de la sociedad, en una determinada cosmovisión.

El origen del Islam se remonta a Mohammed (Mahoma), nacido en la ciudad de La Meca hacia el año 570 de nuestra era, de una familia qurasí del clan de los Banu Hasim, que residían en las afueras de la ciudad y estaban encargados de la fuente sagrada de Agar e Ismael. El abuelo paterno de Mohammed, Abú-al-Muttalib, tuvo diez hijos; uno de ellos, Abad Allah, se casó con Amina, de la que tuvo un hijo póstumo, Mohammed. Su infancia fue más bien oscura y triste; a los siete años había perdido ya a su padre y a su madre. Abu al-Muttalib adoptó a su nieto, pero también éste murió al cabo sólo de dos años. Fue entonces cuando su tío, Abu Talib, lo acogió y lo trató, en adelante, como un hijo suyo. A esta época se remonta la convivencia fraterna e intensa con su primo Alí, que tanta relevancia tendrá después en una rama del Islam.

En su juventud, Mohammed se dedicó al comercio y, en sus viajes a Siria, tuvo contactos con los cristianos, monofisitas y nestorianos, que, sin duda, influyeron en él. Muy joven todavía, pasó a ser el hombre de confianza de una rica viuda, Jadiyya, que, luego, se casó con él. Esta mujer le ayudó no poco y le apoyó siempre.

Mohammed parece que fue de temperamento hipersensible y más bien inquieto y, pese a su rápida ascensión social, no disfrutó hasta que fue objeto de la revelación de Allah, de la felicidad y el bienestar que le hubiera podido proporcionar su posición, dada su constante y aparentemente injustificada insatisfacción respecto al entorno que la suerte le había deparado.

Los musulmanes reconocen en este personaje “el profeta, nabí, de Dios”: “No hay otro Dios que Allah, y Mohammed es el enviado de Dios”, confiesan todos los días.

Islam

La Fátiha

Los fieles del Islam inician, cada día, su plegaria con las palabras de la primera sura del Corán, Al-Fátiha, 1-7: En el nombre del Dios Único, Allah, el Compasivo por excelencia, el muy Misericordioso.
Alabado sea Dios, Señor de todo y de todos, Señor del universo entero, visible e invisible, el Compasivo por excelencia, el muy Misericordioso, el Dueño y Señor del día del juicio final, día de la verdadera religión, día del juicio de la historia.
A ti únicamente te servimos.
A ti únicamente suplicamos.
En ti únicamente confiamos.
Tú únicamente nos salvarás.
Guíanos, muéstranos el camino seguro, el camino de los que tú quieres ayudar generosamente, no el de los que te han airado poniéndose en tu contra, ni el de los que se equivocan.

Esta confesión contiene el núcleo esencial de la doctrina que constituye el mensaje de Dios a la humanidad mediante su enviado Mohammed.


Seguir leyendo: El Islam, una primera aproximación.
Jaume Gonzàlez-Agàpito
Fuente: archivo PDF

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