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Futbolín

En noviembre de 1936, en plena Guerra Civil española, Alejandro Finisterre conoció los efectos de las bombas en Madrid. Pero logró ser rescatado y fue llevado a Valencia, desde donde se le trasladó a un hospital instalado en la Colonia de Puig, un lugar de veraneo cercano a Montserrat que aún se conserva en pie. Las instalaciones de dicho hospital se utilizaron para recibir a ancianos, niños y heridos, a los que se trataba de ofrecer alguna distracción.

Un año después, en 1937, el encargado del hospital dijo al joven Finisterre que tenía que cuidar de los niños y, de esta forma, se dedicó a organizar la escuela. Pronto se dio cuenta de que lo que más le interesaba a los niños era el fútbol. Cuando hacía buen tiempo, no había problemas para jugar al aire libre, pero cuando llovía, sólo podían hacerlo en los salones del Hotel Marcet y allí lo rompían todo.

alejandro finisterre

La invención del futbolín coincidió con un período de recuperación de los juguetes. En un principio, la guerra dejó a todos los niños sin ellos, ya que sus creadores y los materiales para hacerlos habían sido destinados a las actividades bélicas y algunas de las fábricas más famosas tuvieron que dedicarse a producir armas. Pero a la larga se comprobó que ni siquiera una guerra podía hacerse sin juguetes.

En estas circunstancias, Finisterre inventó el futbolín. ¿En qué consistía este juego? Aparentemente era sencillo: una tabla de madera que representaba un campo de fútbol, pequeñas figuras -los jugadores- y una pelota. Aquello fue mano de santo: los niños se mostraron encantados con el juguete y dejaron de romper cosas.

futbolin madrileno

Después de unos años de viaje por América, Finisterre regresó a España en los años 60 y se encontró con la sorpresa de que el país estaba lleno de futbolines. Él no sabía que los fabricantes de juguetes habían convertido su creación en el juego nacional por excelencia. Perfeccionaron el diseño original e incluso se pensaba utilizar en otros países para que los niños heridos o enfermos recuperasen reflejos y movimientos.

Finisterre no pudo por menos de asombrarse de la transformación sufrida. Su invento era hijo de la guerra: ahora los jugadores ya no eran de madera. Eran de metal, el mismo que se había utilizado en el conflicto bélico y que había quitado la vida a más de un español. Como si los jugadores fueran soldaditos de plomo que jugaran con bolas de cañón.

- Vídeo -



Fuente: archivo PDF

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  1. Voy entrando unas cuantas veces en esta pagina y la verdad es que cada dia me gusta mas, cantidad de curiosidades y sobre todo muy amena y con mucha facilidad para encontrar todo.

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  2. En respuesta a: Olga.De lo cual me alegro Olga, espero que me sigas visitando. Un saludo

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