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Mary Anderson
Por aquellos años creían que provocaría distracciones y hasta accidentes de tránsito.

Mary Anderson parece ser el personaje olvidado de la historia mundial del automóvil, ausente en la mayoría de las recopilaciones que intentaron reconstruirla. La prueba está en que recién en los últimos años diversas investigaciones vinculadas a las mujeres inventoras han revelado esta historia tan particular. La de una norteamericana que creó el limpiaparabrisas cuando ni siquiera los autos eran populares.

Fue noticia en un contexto histórico liderado por las luchas feministas para lograr el derecho al voto y las primeras incursiones de las mujeres en las universidades americanas y británicas.

Sin proponérselo empezó a formar parte del selecto grupo de "transgresoras" que pudieron terminar definitivamente con la medida que obligaba a las mujeres a registrar sus creaciones a nombre de sus esposos, padres o hermanos.

La escritora inglesa Deborah Jaffe en su libro "Ingenious Women" revela otro impacto de su personalidad: haber creado ni más ni menos que una pieza de un auto (algo que supuestamente debería haberlo hecho un hombre), cuando recién Henry Ford bosquejaba su Ford T para fabricarlo en serie.

Aunque no le fue fácil patentar su idea, finalmente lo logró en 1905. Hoy es considerada la única mujer en crear un dispositivo que se volvería indispensable en la fabricación de automóviles.

Un viaje a la inventiva

Como sucede con casi todos los inventos, Anderson se topó con el limpiaparabrisas por un evento casual.

Todo comenzó un día de invierno de 1903 cuando Mary, que vivía en Alabama (Estados Unidos), decidió tomarse un tiempo para recorrer New York. Tomó el tranvía y notó que en todo el recorrido el motorman debía detenerse y salir continuamente a limpiar la suciedad, el agua y el hielo que se impregnaban en el parabrisas. Eso hacía perder tiempo a todos, al propio motorman y a los viajeros.

limpiaparabrisasLas investigaciones mencionan que Mary se quedó pensando en la imagen de ese conductor bajando de su máquina, escenas que volvió a notar también en los contados autos con vidrio en la Gran Manzana. Un día después del primer paseo bosquejó un diagrama del dispositivo de barrido elemental. Y de regreso a Alabama, empezó a idearlo.

Según el informe sobre mujeres inventoras del Instituto de Filosofía de Madrid, consiguió una lámina de goma resistente y la unió a un brazo metálico por medio de resortes. Ingenió una conexión para poder accionarlo desde el interior mediante una palanca. Cuando ésta fuera tirada, las láminas se desplazarían a través del vidrio una y otra vez hasta la posición original, como sucede con los actuales más convencionales, aunque la diferencia se basa en la ubicación y el número de brazos. Su sistema tenía un único brazo sostenido en la parte superior y en el centro del cristal.

Luego de hacer varios diseños preliminares, ella misma lo probó, pero no en un auto sino en un tranvía.

Le llevó casi dos años convencerse de registrar esta idea mientras seguía con sus pruebas en los vehículos. Sobre todo cuando se vio abrumada por las advertencias de sus allegados y los rechazos categóricos de "supuestos especialistas" de la incipiente industria automotriz, que profetizaban que el movimiento de los limpiaparabrisas "distraerían con facilidad a los conductores y que provocarían accidentes".

En medio de su lucha para obtener la patente apareció en escena Henry Ford quien se interesó por el invento y probó el limpiaparabrisas en el modelo de automóviles Ford T. Desde el año 1908, el dispositivo del limpiaparabrisas fue incluido en todos los coches de la marca Ford, y a partir del año 1916, se incorporó en todos los automóviles estadounidenses.

En 1905, a fuerza de pruebas superadas, se hizo justicia cuando se reconoció la patente, de la que existe poca documentación detallada y, se presume, se perdieron datos importante. Lo que sí confirman los investigadores es que esta mujer tenía 39 años cuando lo inventó y no utilizó su creación para obtener réditos.

Murió en 1953 a los 87 años en su querida Alabama.

Anderson tenía el deseo de ayudar a ese motorman del tranvía que la llevaba a New York, sin quererlo su creación cambiaría la visibilidad y la seguridad en la conducción del mundo.

Al parecer el reconocimiento es una deuda para con esta mujer, al menos de aquellos que se sientan a contar la historia del automóvil.


Fuente: edant.clarin

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