A+
A-
Caminar sobre el agua

Por sorprendente que nos parezca, hubo un tiempo en el que se podía ir de Málaga a Melilla, o de Marsella a Trípoli paseando tranquilamente por el fondo del Mediterráneo, sin tener que esquivar ni un sólo charco de agua. Pero de esto hace ya muchísimo tiempo, incluso antes de que el primer hombre pusiese sus pies sobre la faz de la Tierra.

Esta desproporcionada balsa de agua salada, con una longitud de 3.800 kilómetros y con una superficie de 2.966.000 kilómetros cuadrados, que para los antiguos constituía el centro del universo y que nosotros estamos convirtiendo en una enorme cloaca, prácticamente se secó en la Era Cenozoica o Cenozoico (antiguamente también Era Terciaria). Esto ocurrió exactamente a finales del período Mioceno, hace ya unos trece millones de años. Según el profesor K.J. Hsü, durante este período geológico, el Mediterráneo experimentó una drástica variación, pasando de ser un mar abierto y profundo -actualmente llega a los 4.632 metros de profundidad a la altura del Peloponeso- a otro rico en evaporitas, un tipo de formación sedimentaría cuyos componentes, antes de ser depositados, estaban disueltos en agua salada (es el caso del yeso y la sal gema). Según confirmó el profesor Kenneth Hsü, la presencia de evaporitas en los fondos mediterráneos constituye una testimonio de que el Mare Nostrum se quedó sin una sola gota de agua.

Mar Mediterraneo

De esta manera, las cuencas del levante español al igual que las islas Baleares se transformaron en vastos lagos, en unas bellas zonas lacustres (deriva del idioma latín para lacus "lago"), que más tarde volvieron a ser inundadas por el mar.


Fuente: archivo PDF

0 comentarios Google+ 0 Facebook

Nos puedes dejar un comentario, una opinión, o tu experiencia sobre este artículo. Queremos que participes, porque aquí tú eres el protagonista.



 
2013 - 2018 Te interesa saber



Política de privacidad




TiS, con tecnología Responsive Web Design y Blogger

Ir a inicio