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Runas
Encontrarás en las runas, signos mágicos, buenos, fuertes y poderosos, como los quiso el Señor de la Magia, como los hicieron los dioses propicios, como los grabó el Príncipe de los Sabios. Edda. Canto rúnico de Odín

¿Qué son las runas?

Si buscáis en cualquier enciclopedia leeréis que se trata de signos alfabéticos pertenecientes a una escritura cuyos vestigios más antiguos (incisiones sobre piedra) no se remontan más allá del siglo II d. C. (como mucho). Tal vez seáis también informados de las disputas que mantienen los escasos especialistas en la materia a propósito de su interpretación fonética y sus orígenes, de sus series (el orden en que debe colocarse el alfabeto) y su número (series más antiguas de 24 signos, más recientes de 16; series inglesas de hasta 28 signos), etc.

Se os contará que, probablemente, el nacimiento de las runas tuvo lugar a orillas del mar Negro, desde donde luego se difundieron por toda Europa. Hasta es posible que se os explique la hipótesis según la cual, en tanto que símbolos mágicos, son una derivación del culto de Mitra. Y que por lo general se considera que provienen del griego, del latín, del etrusco, etcétera. Sin embargo, todo esto no nos incumbe. Dejemos que los doctos (siempre inclinados sobre los libros con la vista cansada) realicen con esfuerzo las deducciones e ilaciones necesarias para llevar a cabo una demostración o refutación lógico-científica de la autenticidad de cada una de las tesis.

Para nosotros sólo es válida una cosa, que además no tenemos la menor intención de demostrar, y es la siguiente: las runas son signos mágicos, signos de poder y de conocimiento. Son signos de entidad y de situaciones metafísicas, y como tales poseen un valor sobre cada uno de los planos de la existencia, con su acción de filtraje desde lo alto hacia lo bajo a través de los distintos niveles e informando de su propia polaridad a hombres y acontecimientos.

RunasNo hay nada que objetar al hecho de que, con la decadencia, la utilización de tales símbolos (cuya comprensión y uso estaban estrictamente reservados a los escasos iniciados) haya quedado prácticamente reducida a su función de meros signos alfabéticos. Sin embargo, durante un tiempo incalculable las runas fueron algo muy diferente. Nosotros conocemos tan sólo la última parte de su existencia. Otra pregunta: ¿A qué pueblo pertenecían?. A todos aquellos antiquísimos moradores europeos de identificación incierta y que pueden llamarse hiperbóreos (o a sus descendientes directos), y cuyas huellas encontramos con gran nitidez en los antiguos germanos, en los celtas, en los más recientes vikingos y en otras razas de la misma raíz.

Sus testimonios, que siguen desafiando el paso del tiempo aún en nuestros días, son los dólmenes, los menhires y las construcciones megalíticas en general, que se encuentran esparcidos, aquí y allá, por toda Europa y por todo el mundo. Nadie sabe nada de estas construcciones intencionadamente toscas, pero aptas para perdurar eternamente. Son rocas enormes, superpuestas de un modo peculiar o plantadas verticalmente en el suelo; moles de piedra traídas desde canteras a veces muy alejadas del lugar donde han sido erigidas, y dispuestas según un orden exacto cuyo significado se nos escapa absolutamente. Nadie sabe explicar cómo se las compusieron aquellos constructores, sin el auxilio de las potentes máquinas modernas, para realizar semejantes obras titánicas. Y tampoco habla nadie de su utilidad, es decir de su significación: aquella forma de ser y de vivir está demasiado alejada en el tiempo como para poder ser intuida siquiera por nuestros contemporáneos.

Por ejemplo, en Stonehenge, localidad de Inglaterra situada en la llanura de Salisbury (Wiltshire), existe, como todo el mundo sabe, un conjunto megalítico integrado por rocas toscamente labradas y que pesan cada una varias toneladas. Está constituido por una amplia fosa circular que encierra en su interior anillos concéntricos de rocas con una altura de hasta 10 metros. En este monumento, que cubría una superficie de 100.000 metros cuadrados, se encuentran las nociones de circunferencia, eje y centro, lo cual sorprende mucho a nuestros sabios, quienes, dado que ellos mismos datan el comienzo de su construcción hacia el 2000 a. C., observan: “¡Ved cómo el espíritu humano poseía ya entonces, en tiempos oscuros y selváticos y siquiera embrionariamente, las nociones matemáticas y geométricas fundamentales!”.

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Leer: LA MAGIA DE LAS RUNAS - Un Sistema de Adivinación Geomántica.
Fuente: archivo PDF

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